La pesadilla americana: desigualdad extrema versus democracia

La pesadilla americana: desigualdad extrema versus democracia
junio 3, 2020 Soledad Sevilla Mendoza

En Desigualdad extrema y captura del Estado: la crisis de la democracia liberal en los Estados Unidos, la doctora Terry Lynn Karl explica que los orígenes de dicha crisis son dos: la profunda desigualdad, y un sistema electoral manipulable y excluyente.

A solo meses de la elección presidencial de los Estados Unidos y en medio de una pandemia que ha puesto a prueba los sistemas sanitarios del mundo entero, el gran sueño americano parece, más que un sueño, una utopía. La idea —tan extendida durante años— de que los Estados Unidos eran superiores a otras naciones respecto a sus ideales de democracia y libertad, hoy es fácilmente refutada al comparar a dicho país con otras democracias industrializadas: actualmente figura en la lista de «democracias dañadas» preparada por The Economist. Intelligence Unit, detrás de Corea del Sur y cerca de Botsuana, Chile y México.

¿Qué está pasando entonces? Terry Lynn Karl, profesora emérita de Ciencia Política en la Stanford University, ensaya una explicación en la investigación Desigualdad extrema y captura del Estado: la crisis de la democracia liberal en los Estados Unidos. Según la autora, el discurso mediático y político en torno a la débil democracia estadounidense se ha centrado predominantemente en los problemas relacionados con las «políticas de identidad» (inmigración, racismo, divisiones étnicas, religiosas y de género) que, si bien son sumamente importantes, esconden el origen medular del problema: la desigualdad extrema.

A diferencia de lo que muchos creen, Karl asegura que esta realidad marca cada aspecto de la vida de los ciudadanos de los Estados Unidos: desde su salud mental y física hasta lo que pueden permitirse comprar. Pero, sobre todo, mina las instituciones públicas, causando lo que la autora identifica como el segundo problema que da origen a la crisis de la democracia liberal en los Estados Unidos: un sistema electoral extraordinariamente manipulable y excluyente.

Una crisis invisible

Karl analiza una serie de políticas públicas y eventos históricos (como la adopción del modelo económico neoliberal y la crisis financiera del año 2008) que hicieron que actualmente la riqueza esté concentrada en la cúspide de la pirámide, a pesar de haberse incrementado durante los últimos 50 años. Sin embargo, en contra de lo que afirman el movimiento Ocupa Wall Street y otros grupos de protesta, Karl argumenta que ni siquiera es el 1% superior de la pirámide el tema central, sino un porcentaje incluso menor y ubicado en la cúspide de la pirámide, los llamados «superricos».

La investigadora asegura que la concentración de riqueza en manos de los «superricos» es peligrosa porque su fortuna (equivalente a un increíble 12 % del PBI de los Estados Unidos) se traduce directamente en influencia política: este segmento de acaudalados captura las instituciones públicas y el control del sistema electoral estadounidense bipartidista, que además no garantiza el derecho al voto para todos los ciudadanos ni la inscripción permanente de los votantes.

Un billete, un voto

Por otro lado, a pesar del legado racista y la violencia contra la población afroamericana en particular, la autora señala la manipulación de las diferencias de parte de los más ricos y poderosos, para mantener dividido un pueblo que hoy es más diverso en términos raciales y étnicos que en cualquier momento de su historia.

Karl destaca el hecho de que la clase media —«que alguna vez fue el baluarte de la democracia estadounidense»— ya no represente la mayoría, luego de haberlo sido durante más de cuatro décadas. Señala también que Asia ha reemplazado a América Latina como la mayor fuente de nuevos inmigrantes y que la migración neta desde México se volvió negativa tras la crisis de 2008. Además, en el extremo inferior de la pirámide social se ha acortado la distancia entre los blancos y los no blancos.

A pesar de estos cambios demográficos, la autora advierte que la mayoría del Senado representa actualmente apenas al 18% de la población del país, síntoma del influjo de los «superricos» en el poder. Se sabe que la manipulación de la circunscripción electoral y la supresión de votantes fueron tácticas que tuvieron un enorme impacto favorable a los republicanos en las últimas elecciones. Mientras que las preferencias del estadounidense promedio, como se menciona en el texto, parecen tener un impacto estadísticamente insignificante. ¿Cómo podría ser de otra manera —se pregunta la autora— si el 90 % del financiamiento de la política estadounidense proviene de apenas unas 100 familias que buscan representar sus propios intereses?

Finalmente, Karl reflexiona sobre si el Partido Demócrata, tras ser castigado financieramente por los «superricos» en cada elección desde 2008, recogerá el reto de combatir al capitalismo clientelista que alguna vez estuvo asociado únicamente con países en vías de desarrollo y con dictaduras, así como otros temas como la división de poblaciones por invocaciones abiertas a la intolerancia y el odio con fines populistas. La amenaza constante a la democracia, que siempre caracterizó a los países latinoamericanos, hoy se extiende a lo largo de todo el continente.

Puede descargar aquí el documento Desigualdad extrema y captura del Estado: la crisis de la democracia liberal en los Estados Unidos.

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