«Dragonomics»: el impacto del auge económico de China en América Latina

«Dragonomics»: el impacto del auge económico de China en América Latina
febrero 17, 2022 Soledad Sevilla Mendoza

El libro Dragonomics: integración política y económica entre China y América Latina, de Carol Wise, analiza cómo y en qué medida los países latinoamericanos denominados «socios estratégicos» de China (Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, México y Perú) han aprovechado el crecimiento económico del gigante asiático.

«Prenderle velitas a China» es una metáfora peruana que puede ser aplicada a América Latina para dar cuenta de su estrecha relación económica con el gigante asiático. De hecho, desde el inicio del nuevo milenio, las materias primas provenientes de la región han sido clave para el auge económico de China, logro que a su vez ha tenido un notorio impacto en los países latinoamericanos.

Dragonomics: integración política y económica entre China y América Latina, de Carol Wise, analiza cómo América Latina ha reaccionado al crecimiento de China ―un variado éxito por sector, proyecto y país―, y cómo se ha dado la interacción con el país oriental en términos de economía política en los últimos 20 años.

La autora remarca que China no puede por sí sola cumplir el objetivo de mantener un crecimiento sostenido, razón por la que ha internacionalizado su estrategia de desarrollo. Y en ella, sin duda, los países de la región han jugado un rol importante no solo como proveedores de materias primas, sino también por la «demanda en ascenso para las mercancías finales provenientes de China, así como para sus insumos intermedios destinados a la manufactura y la industria».

Visto del otro lado, la demanda de China ha sido un punto de quiebre para América Latina. Wise precisa que ello se debe no solo a los enormes ingresos que ha percibido la región producto de esta relación comercial, sino también porque el gigante asiático ha financiado obras de infraestructura y redes de transporte claves para extraer los recursos y enviarlos a través del Pacífico.

En el libro, se examina el impacto de la integración de China con 6 de los 10 países denominados «socios estratégicos» en Latinoamérica: Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, México y Perú. Sobre todo, la autora se centra en tres periodos: el contexto del boom de las materias primas durante el 2003-2013, el colapso de este auge desde el 2014 al 2017, y el ciclo que ha continuado hasta el presente.

La reacción de Latinoamérica
Ahora bien, ¿de qué naturaleza ha sido el impacto del crecimiento de China en estos países? En diferentes niveles, logró «fortalecer (o desalentar) instituciones políticas y económicas, rebajar (o elevar) barreras a las reformas, y abrir (o cerrar) el paso a un nuevo liderazgo, cambio organizacional e innovación en políticas», indica Wise.

Ella demuestra que economías pequeñas y abiertas como Chile, Costa Rica y Perú aprovecharon mejor el impulso de China, ya sea porque tenían las condiciones favorables para hacerlo o porque hubo un afán propio de fidelizar la conexión con el país asiático. Eso sí, la autora aclara que estos tres países habían ejecutado reformas macroeconómicas e institucionales antes de que se produjese el auge del dragón chino. Estas condiciones ―argumenta Wise― permitieron que el Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito por estos países con China sea uno de los catalizadores del crecimiento económico de cada nación.

Perú, por ejemplo, implementó un TLC en el 2010 y gracias a este acuerdo China se convirtió en su socio comercial más relevante. Además, en términos de la inversión extranjera directa (IED), al haber cinco importantes empresas mineras de China continental operando en el país, se estima que en los últimos años las inversiones chinas en minería alcanzaron unos $12 370 millones, cifra equivalente a casi el 25 % de la IED de entrada al Perú.

Una situación distinta sucedió en Argentina y Brasil, países que, en apariencia, tenían muchas ventajas, pero que no aprovecharon el crecimiento chino. Wise sostiene que el apogeo de China encontró a ambos países con las secuelas inmediatas de crisis económicas y retrocesos en reformas. En consecuencia, la erosión institucional y el deficiente desempeño económico de estos países latinoamericanos tras el boom económico de China resaltan el grado en el cual se desperdiciaron oportunidades en cuanto a experimentación e innovación en políticas.

El tercer caso analizado es México. Tras su acceso al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, dicho país ―explica Wise― abandonó sus políticas industriales y la intervención del Estado. Ello empujó a México «hacia una trampa de bajo crecimiento y ha dejado al país vulnerable y sobreexpuesto a la estrategia de competencia estatal de China».

China: ¿una amenaza para EE. UU. en Latinoamérica?
La presencia china en América Latina ha generado una serie de debates en los círculos intelectuales, pues algunos consideran que se está produciendo una forma de «neodependencia». Incluso, desde el punto de vista de los Estados Unidos, «el meteórico auge de China en el hemisferio occidental ha provocado frecuentes llamados de alarma», puntualiza la autora.

Si bien China se ha convertido en el socio comercial más importante de Brasil, Chile, Perú y Uruguay, Wise anota que América Latina «todavía representa una pequeña tajada en la estrategia de “salir al mundo” y el modelo internacionalizado de desarrollo de China».

En el libro, se proyecta que Estados Unidos continuará promoviendo en la región la democracia, los derechos de propiedad, el Estado de derecho y las inversiones en servicios y manufactura, mientras que China se encargará de la expansión comercial, la extracción de recursos, la inversión en infraestructura y una serie de otros proyectos de desarrollo. Por lo tanto, las relaciones de China y Estados Unidos con América Latina son muy diferentes, aclara Wise, quien agrega que ambas son complementarias y posiblemente beneficiosas para todas las partes.

Una de las conclusiones del libro es que, si bien China es una constante en el panorama económico y político de América Latina, la relación entre esta región y el país asiático es todavía un proceso en curso. Según Wise, los mejores resultados provienen de intentos donde el Estado de Derecho, la supervisión regulatoria y una estrategia clara existen del lado de América Latina.

Por ello, los líderes políticos, los gestores de políticas y las élites económicas de América Latina están en la obligación de «redoblar la intermediación de acuerdos centrados en las abundantes oportunidades comerciales, crediticias y de inversión que China viene ofreciendo, y al mismo tiempo encontrar formas creativas de minimizar los riesgos». China sigue siendo muy conveniente para América Latina, pero es necesario trabajar más eficientemente en mejorar las relaciones con el gigante asiático. Ello incluye impulsar las reformas pendientes acumuladas en los países para aprovechar mejor este impacto, pues no solo se trata de ponerle velitas a China y esperar a que ocurra el milagro.

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