Alfonso W. Quiroz y «La deuda defraudada»: resonancias actuales de la corrupción del pasado

Alfonso W. Quiroz y «La deuda defraudada»: resonancias actuales de la corrupción del pasado
septiembre 25, 2020 Soledad Sevilla Mendoza

Mónica Ricketts, Felipe Portocarrero y Martín Monsalve presentaron la segunda edición de La deuda defraudada. Consolidación de 1850 y dominio económico en el Perú, la investigación más detallada sobre el caso de corrupción más emblemático de la historia del Perú: el pago de la deuda interna durante la era del guano. Se trata de la ópera prima de Alfonso W. Quiroz, el inicio de sus investigaciones históricas sobre la corrupción.

Un clásico es el libro al que siempre necesitamos regresar, el que no deja de interpelarnos y el que mantiene su actualidad a pesar del tiempo transcurrido. La deuda defraudada. Consolidación de 1850 y dominio económico en el Perú, del destacado historiador Alfonso W. Quiroz, es uno de ellos: un clásico de la historia económica. Tras más de treinta años de haberse publicado por primera vez, el Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico vuelve a ponerlo en nuestras manos. Es una segunda edición que tiene un sentido de urgencia tratándose de lo que podría considerarse el trabajo semilla de Historia de la corrupción en el Perú, la obra magna del mismo autor, que ha sido citada y comentada por jueces, fiscales y ciudadanos en general.

La deuda defraudada no solo es el primer libro de Quiroz, sino también el que marca el inicio de su ambiciosa y pionera línea de investigación sobre la corrupción en el Perú. Un debut que no pudo afrontar mejor reto que desentrañar, como nadie antes lo había hecho, el caso de corrupción más emblemático de la historia del Perú: el despilfarro que significó pagar la deuda interna con la bonanza de la exportación del guano. Hasta antes de esta investigación, solo se sabía a grandes rasgos que en 1850 el Gobierno había decidido consolidar, en medio de vicios y corruptelas, los préstamos, expropiaciones y salarios impagos que sirvieron para financiar las guerras de independencia, pero se desconocía el nivel de detalles sobre cómo había ocurrido este hecho fundacional de la nación.

Quiroz se sumergió en archivos inexplorados y reconstruyó minuciosamente quiénes fueron los principales beneficiarios de la riqueza del guano, cómo lograron hacerse de estas fortunas y qué hicieron con ellas. Así evidenció que el pago de la deuda interna favoreció a una élite económica de Lima que negoció y acaparó los vales de la deuda con ayuda de funcionarios corruptos, en desmedro de las grandes mayorías de pequeños acreedores, muchos de ellos asentados en provincias. En lugar de aprovechar los recursos públicos para distribuir la riqueza, se prefirió concentrarla en pocas manos. Como escribió el mismo Quiroz: «Fue, eso sí, un episodio fundamental en la configuración de un destino de atraso económico».

La gran oportunidad perdida

Para la historiadora Mónica Ricketts, profesora de Temple University, se trató de una oportunidad perdida, la primera de la era republicana. «Se dilapidó una oportunidad de desarrollo, de crear un mercado de capitales que le permitiera al Perú tener una solidez financiera y evitar una dependencia del extranjero». Además, se desaprovechó un ciclo de bonanza económica para reducir la desigualdad y generar un gran impacto social: «Si se hubiera repartido el dinero de una forma mucho más igualitaria y con una visión de desarrollo interesada en el país, se hubiera incluido a los prestamistas pequeños. Pero se dio un sistema especulativo, con el cual grupos de comerciantes y hacendados de Lima acumularon ese dinero», añadió Ricketts durante la presentación del libro en el marco de la Feria Internacional de Libro de Lima (FIL Lima 2020).

En el mismo evento, el sociólogo Felipe Portocarrero Suárez ―rector de la Universidad del Pacífico― destacó, más bien, la prematura debilidad institucional e influencia de la élite económica en el aparato estatal: «Alfonso logró con este libro dar una primera alerta, empírica y fundamentada, de cómo la dinámica de lenta maduración republicana había dado origen a estos débiles fundamentos éticos sobre los que se estaba construyendo la república. Su relato hizo visible esa ausencia de escrúpulos morales entre los funcionarios públicos y la insaciable sed de enriquecimiento económico patrimonial que mostraba la élite económica peruana de la segunda mitad del siglo XIX».

Sobre este último punto, en torno al sector empresarial, Quiroz aporta novedosos acercamientos en La deuda defraudada. No solo revela la identidad de los poderosos comerciantes que se beneficiaron de la consolidación durante la era del guano, sino también se adentra en el teje y maneje de sus negocios para rastrear en qué utilizaron el dinero obtenido con medios fraudulentos. Y, por si fuera poco, reconstruye perfiles biográficos para ilustrar esta dinámica económica. «No solamente es el análisis de la corrupción, sino también el análisis de cómo se va construyendo el empresariado peruano», puntualizó el historiador Martín Monsalve, jefe del Departamento Académico de Humanidades de la Universidad del Pacífico. Según su apreciación, este aporte es sumamente importante porque es una constante en los trabajos historiográficos de Quiroz, cuyos detalles «contestan siempre a esta visión del empresario peruano como simplemente rentista».

Reflexiones para la actualidad

Los lectores contemporáneos encontraremos en esa ecuación Estado débil-funcionarios corruptos-poder económico una reflexión que nos interpela sobre los grandes casos de corrupción de los últimos años. Durante la presentación del libro, Monsalve explicó, por ejemplo, un tema de resonancias actuales: «La deuda defraudada analiza al detalle un episodio en el que se desarrollan los mecanismos de corrupción en el Perú, donde la abundancia de ingresos fiscales le dan un peso sobredimensionado en la economía a un Estado que paradójicamente es débil desde el punto de vista institucional. Eso permite que los funcionarios puedan concebir al Gobierno como un patrimonio personal y utilizar sus recursos, mientras que un grupo de empresarios con mayor fuerza económica ejercen presión para favorecer a sus intereses».

Este análisis es interesante ―en palabras de Monsalve― «porque uno puede contrastarlo con otras tesis clásicas que hablan de la captura del Estado», las cuales han vuelto a entrar en debate en la opinión pública. Para él, los grandes comerciantes que sacaron provecho del pago de la deuda interna «no necesariamente están interesados en controlar todo el aparato estatal, sino en hacer un negocio puntual; entonces, aprovechan la debilidad estatal para lograrlo y luego se marchan con sus otros negocios». «Esto no es exactamente una captura del Estado, sino más bien un mecanismo», recalcó. En ello coincidió Portocarrero, para quien también se trata del uso «del Estado como plataforma para diseñar una arquitectura de prebendas, aprovechamientos, ilegalidades e inmoralidades».  No en vano, la serie televisiva El mecanismo ―que ambos mencionaron― se tituló así para dar cuenta de la ramificación de actores públicos y privados que utilizaron los recursos del Estado para beneficios propios en el caso Odebrecht.

La cuantificación de los costos de la corrupción y cómo este flagelo afecta al desarrollo económico del país son otras de las preocupaciones de Quiroz que, lamentablemente, siguen vigentes, y que en el libro en cuestión despliega de manera premonitoria, tanto para el país como para su trayectoria intelectual. «Nadie podía anticipar que estos temas adquirirían una gravitación no solamente peruana sino internacional tan vasta y tan estremecedora, en particular por los eventos que hemos tenido en los últimos años», dijo Portocarrero. Además, sobre el autor, añadió que en el libro «ya palpita con claridad lo que sería más adelante su obsesionada pasión académica: el interés por estudiar esa presencia casi omnipresente de la corrupción a lo largo de toda la historia peruana», una pasión que solo pudo detener su temprana partida a los 56 años.

¿Qué ha hecho posible que las investigaciones de Quiroz sean tan relevantes y relevadoras hoy en día para un público amplio? Una de las razones, sin duda, es hacer lo que, según Monsalve, muchas veces olvidan los historiadores: recurrir al pasado para encontrar patrones y procesos que expliquen problemas del presente y, con lo explorado, tratar de resolver el futuro. Hay que recordar que Quiroz publicó por primera vez La deuda defraudada en los ochenta, cuando la deuda externa era uno de los principales problemas. E hizo lo propio con Historia de la corrupción en el Perú luego de una década –los noventa– plagada de corrupción. «Es muy raro encontrar a un académico que entre en sintonía con el público general, que escriba el libro que el público necesita leer», apuntó Ricketts, quien, además de colega, fue esposa del autor.

Ella contó que muchos contemporáneos le dijeron a Quiroz que la historia de la corrupción era imposible de escribir, que no había fuentes, que bastaba con lo que se había investigado. Pero él prefirió adoptar una posición «revisionista» de las generalizaciones históricas, característica que también explica su trascendencia actual. Particularmente sobre su primer libro, «Alfonso quiso ir más allá de las frases hechas sobre la era del guano, sobre la “prosperidad falaz” de la que había hablado Basadre», explicó Ricketts. Portocarrero, amigo de su generación, narró que Quiroz siempre decía dentro de su grupo de confianza «¡Yo soy un revisionista!», y luego se echaba a reír. Ese espíritu crítico ―añadió― era el que trataba de transmitir: «Hay que escavar más profundo. Hay que encontrar evidencias que nos remuevan las convicciones superficiales que hemos adquirido en nuestro acervo historiográfico en el Perú».

Hoy todos sus lectores agradecemos esa osadía que alabó un historiador consagrado como Alberto Flores Galindo en una reseña publicada en 1988: «Después de leerlo, nuestra imagen del siglo XIX ya no es la misma. Este es el mejor elogio que se puede decir sobre la primera obra editada de un joven historiador (…). Quiroz ha podido revisar y cuestionar algunas de las tesis aparentemente más seguras y sólidas que existían sobre el siglo pasado porque no tomó tan en serio a sus mayores». En ese sentido, la reedición del libro también es un homenaje para él, y una motivación para las nuevas generaciones.

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